La Experiencia Espiritual, motor de toda transformación auténtica.

La Experiencia Espiritual, decía Thomas Merton,  es lo único que verdaderamente puede cambiar a una persona, a un colectivo, unas estructuras, a una nación e incluso a toda la Humanidad… La clave para el cambio humanizador es, pues, ayudar a los seres humanos a abrirse a esa experiencia… y así unirse a la “danza general” que es la realidad.

Solo desde la “mente” ningún cambio será real.

Antiguamente, el objetivo de las tradiciones espirituales era, en último término, producir en nosotros ese cambio de conciencia: pasar de una “conciencia fragmentada” ( llena de miedo, inseguridad, egocentrismo) a una conciencia Integral (no- dual, no dividida, sencilla, que se expresa en la confianza  -fe- y el Amor). La espiritualidad en la antigüedad era considerada la dimensión más profunda e importante de la vida de cualquier ser humano. Hoy esta dimensión está ignorada o banalizada.

En la actualidad, la espiritualidad es mirada con desconfianza. Y es que hoy somos conscientes de que, en muchas ocasiones, estas tradiciones han caido en un espiritualismo narcisista que ha hecho que fueran, en muchos casos, un verdadero instrumento de deshumanización y de neurosis más que de transformación; por eso, es urgente la necesidad de vivir una nueva espiritualidad renovada, que beba de la sabiduría de estas tradiciones y que, a la vez, encarnándose en la vida concreta y cotidiana, esté firmemente comprometida con la libertad, la justicia y la felicidad de las personas.

Cristianía quiere ser una cauce para vivir esa nueva espiritualidad, a la vez, que una transmisora de la sabiduría tradicional de un modo actual y significativo hoy.

Como en todo camino espiritual tradicional, el camino que propone Cristianía comienza con la humildad y el autoconomimiento para ir creciendo en el Amor mediante la meditación, la escucha y el compromiso ético solidario.

Y es que, el comienzo del camino espiritual es siempre el inicio de un proceso de autoconocimiento, de apertura humilde a la verdad en mí, en los demás y en todo.

El órgano del conocimiento espiritual que ilumina ese proceso es el Amor, me conozco en la medida que me amo, te conozco en la medida que te amo, conozco la realidad en la medida que la amo… pues como decía el monje medieval Guillermo de Saint- Thierry: “amor ipse intellectus est”, el amor es una forma de conocimento.

El instrumento esencial para caminar en el amor y la verdad será la meditación o atención amorosa. Con la atención amable a cada una de nuestras dimensiones, las vamos “cosiendo”, o unificando, y transcendiendo, para vivir desde nuestro “centro”, en comunicación con todas ellas, con los demás, el Cosmos y con el Misterio o Dios.  Y así nos vamos transformando.

—Sin olvidar que la espiritualidad necesita manifestarse en la historia ( la dimensión inmanente, social y relacional del hombre) para estar sana y dar primacía a  esta dimensión relacional para ser solidaria desde el cultivo de la interioridad.

—Cristianía  transmite lo que muchos han señalado: que una espiritualidad sana se expresa especialmente en la práctica consciente de una ética solidaria. Y por ello, propone una nueva forma de monacato laico inclusivo, inserto en la sociedad, abierto a tod@s.

Y es que, como expresaba el maestro zen y religioso jesuita, Enomiya La- Salle:

“la meta no es aislarnos de los hombres y abandonar el mundo… sino vivir  en medio de este mundo, cambiante e inestable, libre de toda esclavitud derivada de prejuicios y tendencias egoístas”.

La práctica de la escucha respetuosa con el otro y con un@ mism@,  la promoción de la empatía y el compromiso ético solidario, social y ecológico pueden ser instrumentos privilegiados para vivir, de modo sano y actual, ese camino espiritual integral. Estos son pilares de la propuesta espiritual de Cristianía.

Coincide con la propuesta a que nos anima un lider espiritual mundial como el Papa Francisco, al decir:

“Hagámonos… cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, tutelar toda la creación y hacer que florezca la justicia y la paz”.

Y es que, como  también dice el Dalai Lama, solo una revolución espiritual puede salvarnos del colapso; Ahora bien, una revolución espiritual, encarnada en una ética solidaria:

“Lo que propongo es una revolución espiritual… toda revolución espiritual  entraña una revolución ética”. Dalai Lama.

 Ojalá Cristianía pueda ser un camino espiritual auténtico, que colabore en esa promoción de la transformación personal, social y ética entre las personas, los grupos y la sociedad. Para  ponerse al servicio de esa transformación ha nacido este Blog.

Eres bienvenid@ a él y a esta revolución. Bendiciones.

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