Mística y compromiso como base del nuevo paradigma espiritual

Desde hace tiempo, en los ámbitos cristianos y postcristianos más progresistas se habla mucho de la necesidad de un nuevo paradigma espiritual y cultural. Esta inquietud es compartida por otros grupos de la sociedad interesados y comprometidos con la espiritualidad.
En estos ambientes es común hablar de que ese nuevo paradigma debe estar inspirado en la espiritualidad de la no-dualidad.

En la práctica, se viene a entender que la no dualidad es una vivencia que se identifica con un nuevo tipo de paradigma que supera los llamados paradigmas religiosos o racionalistas laicos para ser transreligiosos, transpersonales y transracionales.
En la teoría, se afirma que la nodualidad es un tipo de consciencia que transciende todo paradigma, pues supera todo lo mental. En la no dualidad no habría identificación con la mente, ni con el yo, un@ se experimentaría como un canal de la Conciencia, que es la única realidad plena. Desde esta visión la historia, la persona, la razón son realidades disminuidas en sí mismas, inexistentes al margen de la Conciencia. La meditación se convierte en la meta principal para salir de la dualidad hacia la verdadera experiencia de lo real, que es la conciencia nodual.

Con esta perspectiva se hace un análisis de los paradigmas no transpersonales, modernos y premodernos, como si en ellos no se pudiera dar ese tipo de conciencia. De este modo, se induce en la práctica a asumir el paradigma transpersonal como el más pleno y el no dual. Creo que un buen representante de esta visión es Enrique Martínez Lozano.
Su discurso es seductor pues, si bien dice que la no dualidad es inclusiva, en la práctica esa inclusión se hace rebajando los otros paradigmas a ser expresión de una conciencia dual y por tanto no plena. Así si un@ quiere vivir en la conciencia no dual, que es la más plena según este discurso, se ve inducid@ a salir de visiones religiosas o laicas modernas o antiguas, pues se las considera duales. Se viene así a promover un tipo de paradigma transpersonal y transreligioso que supuestamente sería el más pleno pues los demás serían paradigmas duales.
Como reacción a este nuevo discurso se alzan las voces del conservadurismo religioso o del modernismo laico o cristiano. El primero denuncia en este discurso una visión panteísta y gnosticista. El modernismo percibe en él una visión espiritualista y descomprometida con la liberación social. Creo que ambos peligros se dan en esa visión, si bien, creo que también son rescatables muchas intuiciones. También se alzan voces que consideran que la no dualidad no se identifica necesariamente con ese nuevo paradigma transpersonal, provenientes de ámbitos nodualistas más tradicionales.
Comparto con Enrique Martínez la idea de que estamos en un cambio de conciencia, que va mucho más allá de un cambio de paradigma y que el cambio que necesitamos solo puede venir de una verdadera experiencia mística nodual que transciende todo paradigma.
El místico va más allá de la mente y de la historia para vivir en una conciencia de conexión con todo y con todos sin dejar de ser quien es, una experiencia de Amor, en la que la realidad de uno mismo, del Misterio y de la naturaleza se descubre como relación, apertura, interconexión, Amor.
Desde esa conciencia, el místico se convierte en creador de paradigmas inclusivos de acuerdo a los conocimientos que tiene; en el origen de toda cultura y toda religión, expresada en el paradigma que sea, hay una experiencia mística de este tipo; pero además el mistico no se limita a una labor interior, cultural o ideológica vive ante todo una praxis de amor o compasión en la historia y en las relaciones, dando a luz a una nueva praxis de liberación y compasión. La experiencia de nodualidad o experiencia mística no es simplemente una experiencia de cambio de consciencia, es una experiencia global de la persona, incluye una praxis compasiva y comprometida.

 

En la verdadera no dualidad la historia y la persona no son realidades disminuidas son plenamente reales tanto como lo transpersonal y transhistórico y, a la vez ,son diferentes (si bien no separados) de esas dimensiones, pues la experiencia es histórica y transhistórico, personal y transpersonal, verdaderamente integradora sin fusionar los diversos ámbitos. Por eso, un paradigma transpersonal no es tampoco expresión de la verdadera nodualidad.
Si deseamos descubrir y construir un nuevo paradigma, que sea un verdadero paradigma inclusivo, que se base en la armonía y diálogo entre las diversas perspectivas, así como combativo desde la noviolencia (respetando la dignidad del ser humano siempre) contra las formas ideológicas o sociales enfermas, dañinas o excluyentes (no compasivas), hemos de abrirnos, lo primero, a la mística, a la verdadera experiencia espiritual, que es tanto una vivencia interior como una praxis externa de comunión y conexión con el Misterio, con la naturaleza, con los demás y con nosotros mismos.
Abrirse la verdadera no dualidad que creo tiene poco que ver con lo que hoy se difunde por parte de personas conocidas y respetadas en nuestros ámbitos progresistas, que me temo nos están dando a conocer una no dualidad que tiene mucho de monismo descomprometido, que es muy seductor para caracteres narcisistas a los que les hace sentir que los libera de la culpa y el malestar que los rasgos narcisistas producen.
La no dualidad, pues, es sin duda la clave fundacional del nuevo paradigma, pero una verdadera no dualidad, no un monismo espiritualista que cree que la realidad histórica y personal es una ilusión o es una forma de realidad disminuida y que lo único que debe hacer es meditar y hacer silencio.
El final del camino de la mística siempre lleva al compromiso ético en la historia, en sociedad y en la vida cotidiana vivido desde el corazón. La meta de la mística no es la iluminación sino la compasión efectiva personal y social. Solo así, uniendo mística interior y praxis comprometida, descubriremos y construiremos un nuevo paradigma inclusivo.

 

 

 

 

 

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