EL PELIGRO ÉTICO DE UNA VISIÓN PSEUDONODUAL DE JESUCRISTO

 

cristo sacerdote

Hace tiempo que se está difundiendo en los ambientes cristianos progresistas una supuesta perspectiva nodual de Jesucristo, que en realidad es una visión espiritual de tipo  monista o una “pseudonodualidad” que puede deformar el misterio cristiano, como ya he señalado en otras ocasiones.

 
Un discurso éste de la pseudonodualidad, que creo es superficial, muy influido por la perspectiva de la nueva era y el neoadvaita- corriente muy cuestionada por el advaita tradicional-, que puede tener consecuencias éticas y espirituales negativas.

 
Desde estas visiones que son difundidas por algunos teólogos y nuevos maestros espirituales reputados en algunos ambientes progresistas cristianos y postcristianos, se insiste en tres puntos:

 
Jesús solo es una encarnación más  de Dios, no es un mediador único y universal como ha venido sosteniendo el cristianismo.

 

La Revelación de Jesús nos muestra lo que ya somos todos, no supone pues un acontecimiento singular de irrupción de la Gracia en la historia, solo es un símbolo de una realidad que todos ya poseemos. De modo que, o bien, la Gracia no es necesaria, pues todos ya somos perfectos- solo que no lo sabemos-, o bien, la Gracia no necesita, para actualizarse en nosotros, del encuentro en la historia con un acontecimiento salvífico, que para los cristianos es Cristo, continuado en la Iglesia. Cristo simplemente nos da un ejemplo moral como decía Pelagio o Pedro Abelardo.

 
– Por último, se dice que la dimensión religiosa del cristianismo solo es un momento evolutivo del mismo, al que le toca desaparecer, pues correspondería a una etapa evolutiva superada. La religión no se considera una dimensión constitutiva del ser humano, sino que se reduce a una forma social e institucional de vivir la espiritualidad y no hace referencia a una experiencia humana esencial, que necesita de esa forma social e institucional, pero no se reduce a ella.

 
Creo que este discurso intenta oponerse a perspectivas cristianas fundamentalistas (que creen que el cristianismo no puede ser reformado, confundiendo formas religiosas superadas con la tradición cristiana) y a concepciones cristológicas exclusivistas o eclesiocéntricas , que llevan a un insostenible imperialismo religioso cristiano, pues excluye la existencia de verdad y santidad fuera del cristianismo. Se intenta pues evitar el reduccionismo de ciertos literalismos y fundamentalismos cristianos.

 

 

Ahora bien, el discurso pseudonodual, por su tendencia monista, es incapaz de expresar sin reduccionismos el misterio nodual de Cristo. El monismo pseudonodual tiende a reducir a Cristo a su dimensión humana (no necesidad de la Gracia) o a su dimensión divina (no necesidad de singularidad histórica de Jesús), sin poder mantener ambos polos, plenamente reales, sin enfrentarlos ni fusionarlos. Cualquiera de estos reduccionismos termina llevando antes o después a formas de narcisismo y de enfermedad espiritual.

 
Veamos algunos ejemplos, de las consecuencias de las afirmaciones de esta corriente:

 
1) Si se niega la posibilidad de una revelación definitiva y plena en la historia, en el fondo, se asume un concepto evolucionista radical de la historia (que cree que no hay nada con valor  permanente en la historia).

 

No habría realidades en el tiempo que transcienden la historia y son permanentes, como lo sería el acontecimiento de Cristo. La realidad de la historia (y de la humanidad) queda así disminuida, no hay en ella nada estable, que pueda darle un sentido y una orientación.

 

El sentido (lo valioso) y lo permanente está separado de la historia. Hay que salir de la historia y de lo humano corriente, para encontrarse con lo transcendente. Una idea radicalmente diferente del concepto de Salvación en la historia del cristianismo, que es un concepto plenamente no dual al que Raimon Panikkar llamaba la tempiternidad, que supone tomar conciencia de que la eternidad y el tiempo son ambos reales y están en relación. La historia y la humanidad son dimensiones reales y permanentes, pues, aunque cambien en su superficie.

 
Bajo esta idea de que no es posible una revelación definitiva en la historia se encuentra la concepción del monismo pseudonodual del carácter ilusorio (nada hay permanente en ella, lo real supone que algo permanece) de la historia, algo que la verdadera nodualidad no comparte (Maharshi, maestro de la nodualidad, ya señaló que el mundo era real para la verdadera nodualidad). Podemos descubrir en esta perspectiva pseudonodual una tendencia gnóstica ajena a la verdadera nodualidad.

 
Si la historia es una ilusión, en último término, y todo es evolutivo (cambio constante, nada con valor permanente), podemos llegar a justificar el mal, como una simple fase evolutiva necesaria para llegar a la siguiente etapa. No habría valores intemporales como los valores éticos. El ser humano no tendría una naturaleza más allá de la evolución, de modo, que podría ser sacrificado para dar el siguiente paso evolutivo: las maquinas o los ciborgs. Las consecuencias éticas de todo esto son muy graves.

 
Si consideramos que en la propia historia se dan valores permanentes, el hablar de la revelación de Cristo como una revelación definitiva para los cristianos no supone ningún imperialismo ni autoritarismo, al contrario, es el modo de evitar el imperialismo del relativismo moral al que lleva el afirmar que en la historia no puede darse nada permanente. Es una afirmación que salva la perennidad de los valores del relativismo del evolucionismo extremo. La realización de esos valores sí puede ir cambiando con el tiempo pero lo esencial de los mismos no cambiaría.

 
Ahora bien, hablar del carácter absoluto del acontecimiento de Cristo, no supone decir que los cristianos conozcan plenamente ese Misterio (o tengan el monopolio sobre él), no se anula pues, con esta afirmación, la necesidad de diálogo con otras tradiciones para conocer el “Cristo desconocido presente en ellas”, ni se dice que el cristianismo histórico concreto sea “mejor” que otras religiones, solo se afirma la necesidad de la iglesia y del cristianismo para dar testimonio del Misterio de Cristo.

 

 

Esta universalidad y unicidad del acontecimiento de Cristo no es exclusivista (no niega la verdad de otros caminos) ni inclusivista radical (creer que el cristianismo ya sabe todo lo que los otros caminos pueden enseñarle) sino relacional, el cristianismo cree que está llamado a poner en relación con el acontecimiento de Cristo todas las otras realidades, lo cual, fundamenta el diálogo y aprendizaje de los otros caminos espirituales, así como sigue manteniendo la necesidad de la misión y evangelización desde esta perspectiva dialogal y de servicio y aprendizaje mutuo.

 
2) Otra consecuencia de esta tendencia gnosticista y evolucionista, que disminuye el valor de la historia, sería la idea de que no es necesaria la entrada de la Gracia en la historia. Es decir, que Cristo no es origen de la Gracia salvífica, sino simplemente un maestro moral o espiritual. Surge así una tendencia pelagiana en esta visión.

 
El pseudonodualismo tiende a negar la profundidad del mal, que suele ser relativizado. Todo está ya bien (todos somos ya Cristo dirán) y lo único que hay que hacer es tomar conciencia de ello. La banalización del mal que supone el no tomar conciencia de su profundidad, relativizándolo o negándolo, lleva de nuevo a una debilidad ética en esta perspectiva, pues favorece el descompromiso en combatir ese mal.

 
Si tomamos conciencia de que el mal nos ha herido en nuestro mismo interior ( la profundidad de la realidad del mal en nosotros, sin banalizarlo), es comprensible la necesidad de la Gracia, pues no podemos contar solo con las propias fuerzas, para poder responsabilizarse del cuidado del bien.

 
Un mundo que cree ser ya perfecto, no necesitado de la Gracia, en el fondo es un mundo que termina responsabilizando a los que sufren de su desgracia, pues el sufrimiento será siempre responsabilidad de las víctimas (que viven en la ignorancia) en un mundo supuestamente perfecto. De ahí, que en el discurso “pseudonodual” se pueda llegar a decir que “lo que viene, conviene”.

 
3) Por último, es precisamente de esa misma visión evolucionista radical que aqueja al pseudonodualismo monista de donde nace la creencia de que la religión es una mera fase evolutiva llamada a desaparecer.

 
La fenomenología de la religión enseña que la dimensión religiosa es una dimensión humana constitutiva, una invariante antropológica, si bien el modo como se viva esta dimensión puede ser diverso.

 
La experiencia religiosa supone la apertura a un Misterio transcendente que se revela a través de una mediación o hierofanía. De ahí, que la religión tenga una dimensión social e institucional, pero no pueda ser reducida a ella, como hace el pseudonodualismo al identificar la religión con los ritos sociales, los dogmas o las instituciones, olvidando la experiencia espiritual que los sustenta.

 
La religión no consiste simplemente en las instituciones que llevan ese nombre sino en una dimensión que se da en toda experiencia  espiritual profunda y auténtica y que necesita de manifestaciones externas (mediaciones) pero no se limita a ellas.

 
Incluso la espiritualidad laica, que prescinde de su vinculación con instituciones religiosas, cuando profundiza tiene una dimensión religiosa, pues experimenta una apertura a una transcendencia a través de una mediación, generalmente la propia vivencia personal o grupal.

 
El cristianismo si quiere mantener su carácter de experiencia espiritual profunda no puede perder su carácter religioso (su apertura a una transcendencia a través de una hierofanía), entendido en este sentido. La institución está al servicio de esta dimensión religiosa pero esa dimensión es más que la institución religiosa.

 
Como se diría en el cristianismo, la iglesia (expresión religiosa de la experiencia espiritual cristiana) es más que la iglesia visible e institucional pero ésta es necesaria, pues sin esa dimensión institucional, la iglesia sería incompleta. Otra cosa es que estas instituciones deban ser reformadas, algo que seguramente es muy necesario hoy en día.

 
Cristo mismo en el Evangelio señala la necesidad del bautismo para la salvación, nos pide la celebración de la eucaristía y la predicación del evangelio, dando testimonio con palabras y obras al servicio de los seres humanos. Es decir, señala la necesidad de la Iglesia (mediación religiosa), cuya forma institucional puede variar dentro de unos márgenes (la fidelidad a Jesús).

 
La pseudonodualidad parece promover un cristianismo meramente interior, ya no religioso (vinculado a unas mediaciones) basado en la pura experiencia personal. Es una propuesta que puede llevar a formas de narcisismo espiritual y descompromiso muy notables.

 
Sería un cristianismo que parece bastante alejado de la propuesta de Cristo en el Evangelio, que enfatiza el encuentro con el Misterio a través del encuentro con Dios y los otros en la historia, es decir, a través de mediaciones; experiencia que incluye una dimensión interior pero no se reduce a la propia subjetividad, ni identifica la propia experiencia espiritual personal con la experiencia de la verdad.

 
La verdadera espiritualidad profunda es una experiencia que siempre se vive con humildad (siendo consciente siempre de la limitación de mi experiencia espiritual por muy elevada que sea) y obediencia, es decir, escucha y servicio a las mediaciones que se presentan en la historia, más allá de mi mismo. Es decir, se vive siempre con una dimensión religiosa.

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